El profesor excelente.

“Cuando yo era pequeño no teníamos tantos juguetes estupendos como los de ahora. Nos entreteníamos con cosas más sencillas, la naturaleza era nuestra ludoteca. Y como todo era más sencillo, resultaba más fácil captar nuestra atención en la escuela. Pero ahora los niños están rodeados de estímulos, de juguetes y herramientas digitales fascinantes, así que la escuela también tiene que cambiar. La forma de enseñar ha de transformarse para que estos niños tan estimulados desde fuera se interesen por aprender. De lo contrario, aborrecerán la matemáticas, o cualquier otra disciplina. Tenemos que dejar que los alumnos participen, que vean, que experimenten.”

Jin-Akiyama-para-Jot-Down-3

El profesor Jin Akiyama explica por qué decidió usar la magia para impartir sus clases de matemáticas y así mantener la atención de los alumnos y darles herramientas reales para usar en situaciones concretas.

El profesor excelente, inspira.

Detrás de los trucos de magia de Akiyama existe una razón que explica por qué decidió estudiar y enseñar matemáticas. «En Japón muchos estudiantes no aprenden correctamente las matemáticas. La economía japonesa depende de las ciencias y de la tecnología y nosotros tenemos que conocer todas estas materias. Tenemos que estudiar matemáticas, física, química… Queremos inventar cosas nuevas y esta es la única manera de llegar lejos. Siempre consigues cosas muy positivas educando a la gente, especialmente, a partir de las ciencias y las matemáticas»

El profesor Akiyama en España.

¿Qué importancia tienen las matemáticas en nuestra formación? ¿Alguna vez habéis reflexionado de la cantidad de horas que pasamos dándole al lápiz? Pueden gustarnos más o menos, pero está claro que tienen un gran peso en el currículo educativo y eso debemos agradecerlo.

Tendrán mala fama, pero hacen que tu tablet te dé las noticias cada mañana, que el satélite meteorológico pueda enviar la información sobre el tiempo que hará ésta semana, te permiten bajar en ascensor o pagar la barra de pan.

Las matemáticas están en todo, a muchos niveles, unas veces escondidas y otras enseñando la patita de forma evidente.

Las matemáticas son un pilar de nuestra civilización y debemos darles la importancia que merecen, aprenderlas con cariño y devoción y dar gracias, aunque sea en silencio, a todos los maestros que nos las enseñaron desde niños: desde la primera maestra amorosa que nos ayudó a rellenar la figura del 1 con papelitos rasgados, hasta el profesor de la ESO que insistía por activa y por pasiva en que practicásemos las integrales.

¿Alguien se anima a hablar de matemáticas? ¡Escribe al correo de la APA y publicaremos tus enseñanzas!

Anuncios

LLÁMALO VOCACIÓN O MAGIA, AUNQUE TAMBIÉN ES PASIÓN.

 

Cuando estudiaba Magisterio en la Facultad esperaba que aquellos profesores que se subían al estrado cada día, me dijeran cómo ser maestra, me dieran las claves para dar clase apuntadas en una lista y me desvelaran los secretos para mantener el orden en un aula con 30 niños.

Quería ser Maestra, si, pero no sabía que eso no te lo enseña nadie, que no viene en un libro y que no hay fórmulas mágicas que funcionen. La carrera, a mí, me sirvió de poco para “saber dar clase”. Aprendí mucho, pero no salí “sabiendo”, eso me lo tuve que trabajar yo sola.

Los tiempos han cambiado desde que yo era alumna y está claro que la educación ha de ser la primera en adaptarse a las nuevas costumbres de una sociedad que poco o nada tiene que ver con la de hace 30 años, pero ese amoldarse a lo novedoso cuesta y vamos con retraso, la verdad…

DSC_0100

Hay muchos colegios que lo hacen muy bien, desde mi punto de vista docente, y hace tiempo ya. Trabajan sin libros y por proyectos que crean y adaptan los propios maestros. Respetan los tiempos de aprendizaje de cada niño sin atosigarles o querer que haya uniformidad en el grupo. Dan a los niños herramientas para la toma de decisiones y la resolución de problemas sin que tenga que intervenir un adulto… Sólo hay que indagar un poco en la red y encontramos muchos ejemplos.

Hay mil maneras de hacer las cosas de forma diferente, de cambiar esas clases magistrales que todos recordamos, por aulas dinámicas y llenas de vida.

Yo soy docente. Ni mejor ni peor que los demás. Formada en la misma facultad, con los mismos profesores, mismas asignaturas… Mi vocación siempre ha sido la docencia y los niños. Soy feliz hasta la médula siendo maestra. Me gustan todos los grupos de edad. Adoro a los enanos de 3 años y su caos y me llenan de ternura los de 5º con sus pasiones adolescentes. También he trabajado con adultos y tiene su punto, no lo puedo negar.

He trabajado dando clases particulares, formando adultos, en la escuela pública, en la privada, en la concertada y en empresas de extraescolares. En todas he sido feliz independientemente de las condiciones laborales o de si perdía dinero desplazándome para dar las clases…

Allí donde he ido, he obrado mi magia, como me decía un encargado de la última empresa de extraescolares, porque mis clases no tienen nada que ver con nada que podáis imaginar. Pero es que ese es mi método para enseñar: hacer magia.

La magia en la educación es fundamental. Y la vocación. Y la pasión.

A mí no me ha enseñado nadie un método, me lo he inventado yo y me funciona. Hay que ir cada día, no sólo con la sonrisa y el buenos días por delante, sino con los ojos húmedos por la emoción de ver sus caras ante eso nuevo que les muestras cada día -no que les enseñas, ojo- siendo cada clase tuya una sorpresa diferente en cada sesión y haciéndoles partícipes de su propio aprendizaje. Los niños saben cómo aprender, cada uno a su manera y a su ritmo, con más o menos ayuda, según el humor que tengan ese día..

El colegio no puede ser un sitio aislado donde vayas a que te llenen la cabeza de datos. Se aprende mejor experimentando, escuchando, observando, viviendo… La vida de los niños no está compartimentada. Es un todo y siempre están aprendiendo aunque no se den cuenta. Muchas veces aprenden mejor fuera que dentro del colegio porque lo hacen sin presiones y de forma natural y eso es lo que debemos conseguir en las escuelas, que aprendan de la manera más natural posible.

La magia consiste en que su maestro les guíe, les ayude, les de las herramientas, les apoye y les diga cada día que ellos pueden, que todos tenemos un don y debemos encontrarlo. Los maestros vemos ese don enseguida y procuramos potenciarlo. No todos los niños tienen que ser buenos en matemáticas o en lengua o en idiomas… Cada cual en lo suyo. Hay que pensar que debemos alegrarnos cuando un niño saca un 5 en matemáticas y un 10 en inglés porque ya sabemos qué debemos reforzar. ¿Los números? ¡No! ¡El idioma! Ese inglés y todos los idiomas que al niño le apetezca aprender…

Una vez tuve un grupo bastante grande donde había varios niños y niñas de etnia gitana. Solían mirar al techo la mayor parte del tiempo o dedicarse a dibujar en una libreta porque era a lo que estaban acostumbrados con su maestra. Algunas niñas se esforzaban por seguir las clases, pero siempre iban bastante por detrás. En la clase de Inglés les confinaban al final del aula y tampoco hacían nada.

Cuando yo llegué como sustituta, entrevisté a todos los niños para conocerles y les pregunté, entre otras cosas, por sus aficiones y sus costumbres después del cole. Los niños gitanos solían salir con sus padres a por chatarra, tocar el cajón o merodear con los primos y desmontar piezas de coches. Las niñas se ocupaban de los hermanos pequeños y de cosas de la casa.

Tenía varias horas de clase con ellos pero nunca los ví como un estorbo, la verdad, sino como un desafío.

Por desgracia, no estuve mucho con ellos, pero conseguí que tuvieran ilusión por aprender Inglés a base de adaptarles los contenidos del libro de la clase en libretas personalizadas con vocabulario que les resultase atractivo y usable en su día a día, actividades divertidas con mucho componente visual que implicase usar el dibujo que tanto les gustaba y mejorar la escritura. Hacían los mismos contenidos que los otros niños, pero adaptados a su nivel, conocimientos e intereses.

Los niños, con revistas de coches que ellos me traían, recortaban imágenes y con ayuda del diccionario de Inglés (jamás habían visto uno) buscaban las piezas, las escribían y las nombraban. Nos costó aprender el uso del dichoso “libro lleno de palabrejas raras”, pero lo conseguimos. Al principio ni mu, pero al final me saludaban como los demás, en Inglés, y se divertían y estaban deseando que llegara nuestra hora de clase.

Con las niñas creé actividades de vocabulario también pero como si fuera una revista de moda, con sopas de letras y adivinanzas, ejercicios de completar, buscar vocabulario en el diccionario, dibujar y recortar. Estaban encantadas de poder participar cuando cantábamos o bailábamos en el aula.

A todos los niños de la clase los cambié de sitio después de preguntarles si les apetecía. Les puse con un compañero “mentor” que les guiaba en lo que no sabían, es decir, mezclé payos y gitanos (como ellos me decían) y las cosas salieron muy bien. Les resultaba extraño poder consultar al compañero, creían que era hablar en clase sin permiso y copiar, pero mi forma de trabajo colaborativa les acabó gustando. Vimos documentales sobre escuelas del Reino Unido, las costumbres de Gran Bretaña y la cultura. Nadie les había puesto nunca un vídeo sobre ello, así que decidieron hacer una presentación sobre lo que más les había llamado la atención. Salió de ellos y yo encantada de ver tanta implicación.

Y cómo éstas, muchas más experiencias que cuestan cero, sólo mirar más allá y ver lo que cada niño puede llegar a dar de sí mismo.

¿No lo véis?¡Las notas no son el resultado, sino la pista para hacerles crecer en su don!

Las notas no deberían ser para meter a los niños en un rasero, para atosigarles o hacerles ver que ese es su valor. Las notas son necesarias para el sistema burocrático, si, y no podemos quitarlas, pero podemos darles utilidad, sacar de ellas lecciones, ayudar a los niños a ver que no hay buenas o malas notas sino habilidades y capacidades, que todos son diferentes y cada uno especial en algo.

Los niños no son un número. Son mucho más. Hay que jugar con las bazas que nos da el sistema. ¿Nos obliga a poner notas y a seguir normas burocráticas? Saquémosle rendimiento haciendo ver a nuestros alumnos que nosotros vemos más allá de un notable o un insuficiente, que ellos son mucho más que un número o un test bien completado.

Ahí está la magia… en la emoción de encontrar a un maestro que se presta a ser guía y no enemigo, en la educación como una vivencia agradable, en ver la escuela como parte importante de la vida y no como un trámite que deseamos zanjar cada día…

¿Se puede ser innovador en un sistema clásico como el nuestro? Si, definitivamente. A mí nadie nunca me ha llamado la atención por hacer ruido, cantar o rodar por el suelo, decorar la entrada del cole, celebrar el Otoño con guirnaldas, contar cuentos debajo de una mesa que era una cueva o sacar a los niños al patio a aprender vocabulario en lugar de hacerles memorizar un listado de palabras… Algunos me miran raro o vienen a ver mis clases e incluso grabarlas… Mi puerta nunca está cerrada, ya lo digo por adelantado. Tampoco hacen falta muchos recursos si usas la imaginación, eres creativo, reciclas y pones a funcionar lo que hay a tu alcance. Muchos maestros son así. Esto no es nuevo.

Sé que habría que hablar también del papel de los padres en la educación, de los deberes y de muchos flecos que se me quedan pendientes, pero, en éste speech de hoy, sólo quería explicar que no sólo otra educación es posible, sino que ya está en marcha y que debemos apoyar y ayudar a todos los maestros con ganas que hacen posible que nuestros hijos quieran volver cada mañana al cole con ilusión porque ¿sabéis? Hay maestros que hacemos magia…

Sandra Nieto